Barcelona

El vestido azul de Maria

Cada mañana María sale de su casa para ir al colegio con su madre. No quiere salir de casa. Quería llevar ese vestido azul cielo que se pone su hermana. Pero su madre no la ha dejado, que un niño no puede ir por la calle con un vestido. Pero María no quiere que la vean con esos tejanos y la camiseta verde que le ha puesto su madre.


Como en el caso de María, son muchos los niños y niñas que han nacido con un cuerpo que no se asocia con su identidad de género. Su situación no ha empezado a visualizarse hasta hace relativamente pocos años, y su realidad está todavía lejos de lograr la visibilidad que ha conseguido otros colectivos que se incluyen en las siglas LGTBI. De ahí muchos problemas que las personas transexuales tienen incluso siendo menores de edad.


Este año el Día Internacional del Orgullo LGTBI en España se lo dedica a la transexualidad y la identidad de género. Encuentro que es muy acertado y necesario tratar más este tema, ya que es verdaderamente preocupante la situación de las personas transexuales incluso en un país “progre” como es España. Si hemos visto que el colectivo gay ha conseguido una gran visibilidad en la sociedad, y que esta ha servido para lograr avances sustanciales en sus derechos, las personas transexuales todavía sufren más de cerca el odio y el rechazo por parte de esta sociedad.


Y lo peor es que esto no es cosa de adultos solamente. Es realmente horrible como el odio y la discriminación se ensaña de forma preocupante con niños/as y gente joven en sus etapas más vulnerables. El bullying transfóbico se ha puesto en el ojo de la opinión pública después de casos como el de Alan (a quién quiero dedicar este artículo), pero por desgracia no es el primero ni será el último. Se calcula que el 90% de los/as jóvenes transexuales se han sentido discriminados en ocasiones, y 2 de cada 10 menores transexuales ha intentado suicidarse, según datos del Colectivo de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales de Madrid, lo que demuestra la gravedad de la situación.

Muchos padres no terminan de encajar esta situación, lo cual no hace más que acentuar el sentimiento de desolación que sienten estos jóvenes. Por no mencionar las trabas que se han puesto y se siguen poniendo para hacer algo tan simple como la modificación del DNI para que refleje la verdadera identidad del o la menor. Alan fue de los primeros en conseguirlo, un año antes de la tragedia, pero fue un proceso complicado debido a las trabas que se ponían des de las mismas instituciones públicas.


Es decir, nos encontramos ante un escenario desolador para un colectivo que todavía tiene muchas batallas que librar, que tiene unas características especiales y que por tanto, las padece de forma especial, en especial en la etapa de la infancia y la adolescencia, cuando se producen los cambios hormonales típicos de la etapa adolescente.

Y la pregunta es: ¿por qué no se han tomado acciones al respecto? ¿Acaso no se trata de menores de edad y que por tanto la sociedad debe velar porque crezcan en un entorno que les permita desarrollarse como personas? Ya debe ser bastante duro para estos niños y niñas crecer sintiendo que no tienen el cuerpo que se asocia a su identidad de género como para que encima la sociedad no solo no les ponga facilidades para integrarlos/as y tratarlos/as según el género con el que se identifica, sino que encima les hacen sentir que son algo malo o que tienen la culpa por ser como son.

Por ello, es necesario un nuevo paradigma, una nueva mentalidad en la sociedad que permita aceptar y abrazar a estas personas tal y como sienten que son. Terminemos con estos episodios de discriminación cada vez que una mujer transexual quiere ir al lavabo. Consigamos unas instituciones públicas que permitan que los y las menores transgénero pueda cambiar su DNI por otro que refleje lo que realmente es sin que ello suponga una batalla titánica. Formemos profesionales educativos y sanitarios que sepan cómo incluir y ayudar a estos/as chicos/as, así como ayudar a los padres y madres para que sepan cómo orientar y ayudar a sus hijos/as.


Como se puede ver, son muchas cosas y más las que se tienen que cambiar, y por ello el colectivo trans tiene todavía mucho por hacer. Por ello, este Día del Orgullo LGTBI saldré a la calle a dar todo mi apoyo a esta causa que afecta a tantas personas en el mundo y que necesita mucha visibilidad para que se vea que estos problemas existen y requieren soluciones urgentes. Siempre he tenido muy claro que luchar a favor de los derechos de las personas LGTBI es luchar por los derechos humanos, y cada vez que haya avances y mejoras en el bienestar de estas personas, podré sentir que he contribuido a ello con mi granito de arena, y ahí os aseguro que sentiré el verdadero Orgullo LGTBI. ¡Os animo a que lo sintáis también!


Y en un tiempo, podremos ver a María salir de su casa hacia el colegio, con su vestido azul cielo que tanto le gusta y las sandalias blancas. El pelo liso le caerá libremente mientras anda agarrada de la mano de su madre. No echará la vista atrás, no hay nada que ver. Solo mirará hacia delante, porque por primera vez puede escribir la historia de Maria, y no la de Mario, y lo hará con la certeza de que su futuro la espera a ella.

Ivan Castelló Aznar

Secretari de Comunicació JSC Barcelona