Building bridges

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Artículo de opinión por Laura Millán.

Bien es cierto que las siglas LGTBI no son extrañas para una gran parte de la sociedad. De hecho, con el paso del tiempo entran en el vocabulario cotidiano de cada vez más personas. Afortunadamente, en este país, hablar de la temática y diversidad que engloban estas siglas es frecuente y se hace de forma abierta en muchos círculos, a pesar de que la lucha contra las fobias del colectivo debe seguir viva hasta la normalización absoluta de cada identidad.

Precisamente esta lucha es la que siempre abandera a la izquierda progresista. Concretamente, al socialismo en el que nos sentimos representados. Nuestros valores han llegado a calar en gran parte de la sociedad tras ser reivindicados durante mucho tiempo y con mucho esfuerzo. Gracias a ello muchas personas pueden desarrollar su identidad con libertad, sin complejos y con orgullo de su singularidad. Defender la pluralidad y singularidad frente a le hegemonía nos enriquece y nos hace tolerantes, comprendiendo la liberación afectivo-sexual como un hecho positivo.

Sin embargo, debemos ser conscientes de un hecho. Es real que aún queda lucha por delante. Pero es necesario entender que en el camino del progreso ideológico en esta temática no todos siguen un ritmo paralelo. Por desgracia, nos encontramos en un punto mucho más avanzado que muchos otros países que aparentemente pueden asemejarse al nuestro. Este hecho quedó patente cuando las compañeras europeas de la YES nos transmitieron la realidad en otros lugares. La situación de algunos países europeos en cuanto a derechos LGTBI es drásticamente contraria a la nuestra. Es notable que muchos países del este, dentro de la Unión Europea, van a la cola en cuanto a liberación y derechos del colectivo. Lamentablemente, en los últimos años con la radicalización de las derechas, la lucha por la igualdad de género ha ido en retroceso a la par. Por ejemplo, en Polonia celebrar el Orgullo es una lucha real y de gran envergadura, algo que podríamos dar por hecho en nuestra sociedad y entorno. Muchas personas, no pueden expresar de forma abierta su sexualidad porque no encuentran en sus representantes políticos una voluntad para ello. En muchos países de la Unión el socialismo se muestra reacio y deja huérfano a este colectivo. Esto se debe a que el movimiento se identifica con la lucha obrera y no con los valores de igualdad sexo-afectiva. De este modo, las personas LGTBI quedan huérfanas y su lucha por la visibilización y normalización aún tienen un camino titánico por delante.

Es por ello que es vital construir puentes. Dentro del socialismo europeo encontramos diversidad ideológica. Por ello debemos aprovechar los espacios de debate y de diálogo compartidos para empujar y guiar en esta lucha progresista a aquellas organizaciones con recorrido por delante. Hemos de aprovechar que la juventud socialista en Europa es mucho más favorable a la normalización de los derechos LGTBI que algunos de los partidos socialistas. Debemos hacerles conocedores del camino que aún pueden recorrer y qué derechos pueden adquirir, compartiendo nuestra experiencia. Nuestra lucha no está acabada, ni mucho menos. Tenemos mucho camino por recorrer y barreras aún que romper. Pero debemos ser conscientes de que todas las luchas por el colectivo LGTBI son muy importantes y que todas ellas dependen del contexto en el que se encuentren, que en muchos casos puede llegar a ser muy hostil.

Inspirado en la experiencia en Bruselas, explicada en un artículo anterior: http://barcelona.jsc.cat/viatjemalparlamenteuropeu/

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